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Confinamiento e inteligencia emocional: Una oportunidad para ser mejores padres y madres (I parte)

La situación actual de permanecer recluidos en el hogar familiar puede ser complicada, especialmente si las relaciones entre los integrantes de la familia no eran ya de por sí las mejores. En muchas ocasiones las rutinas diarias (el trabajo, los amigos, las preocupaciones exteriores…) nos permitían mirar a otro lado y evitar el conflicto familiar, las discusiones con los hijos e hijas, bien propios o de nuestra pareja, con nuestra pareja misma,  el distanciamiento con otros miembros de nuestra familia que ahora aflora, etc. Ahora esto no va a ser posible y tendremos que mirar de frente a estas situaciones.

Y si en todas las familias hay conflicto y tensión, en la familia reconstituida, debido a su entramado relacional más complejo, es más fácil  que el conflicto aflore. Si a esto le sumamos un tiempo de convivencia obligatoria entre todos los miembros en un espacio reducido como es el hogar, sin la posibilidad de triangular y rebajar  el estrés y el  conflicto con personas y actividades ajenas, podemos tener la tormenta perfecta para que todo estalle.

Sin embargo, este tiempo en casa puede ser una oportunidad para hacer cosas nuevas y diferentes en nuestras relaciones familiares. Para reconstruir esas relaciones. Dedicar un tiempo, del que antes no disponíamos, a estar con nuestros hijos e hijas puede ser una oportunidad: con nuestros actos y nuestras palabras podemos cuidarnos y cuidar a los demás.

Algunas herramientas que nos pueden ayudar a convertir esta situación en una oportunidad son  la inteligencia emocional y la mentalización, ambas muy conectadas.

La inteligencia emocional es la capacidad de una persona para manejar una serie de habilidades y actitudes. Entre las habilidades emocionales se incluyen la conciencia de uno mismo; la capacidad para identificar, expresar y controlar los sentimientos; la capacidad para controlar los impulsos y postergar la gratificación, así como la capacidad de manejar la tensión y la ansiedad.

La mentalización, por otro lado, se refiere a la capacidad de entender e interpretar la conducta, la de uno mismo y la de los demás.

Esta capacidad va a verse seriamente comprometida en situaciones de alto estrés como el que vivimos, con padres y madres desbordados, con miedo e incertidumbre ante el futuro…

Estos sentimientos nos impiden reflexionar y entender los sentimientos de nuestros hijos e hijas y de los nuestros propios, es decir, de mentalizar, y tendemos a responder  automáticamente con la ira, la  crítica o el rechazo.

No debemos olvidar que para nuestros hijos e hijas y los de nuestras parejas es también una situación de alto estrés y malestar, que expresarán de diferentes maneras, algunas de ellas poco comprensibles por sus progenitores. Por ejemplo, aparentar no entender la gravedad de la situación, ira, hiperactividad…

Esto nos  incapacita para ser un verdadero apoyo para nuestros hijos e hijas, proporcionarles límites efectivos y servirles como modelos para conectar los pensamientos y sentimientos.

Una buena capacidad de mentalización ayudará a los progenitores y a sus parejas a ver el malestar que hay tras la conducta de los y las menores, para que puedan ser contenedores emocionales y figuras de apego seguras.

Debemos ayudarles a poner el malestar y el sufrimiento que les genera esta situación en palabras, verbalizándolos, y no en conductas inadecuadas (enfado, depresión, etc.) Solo si son capaces de conectar sus emociones, sus sentimientos y sus conductas serán capaces de pasar “del acto a la palabra”.

Y solo si nosotros somos capaces de hacerlo, les podremos enseñar a hacerlo. Esto es una tarea difícil pero necesaria en las próximas semanas. Y como decía al principio, tenemos una oportunidad única para ayudar a nuestros hijos e hijas. Podemos pasar de la idea de “sobrevivir a estar encerrado con la familia….” a reconstruir y sanar relaciones, favoreciendo que toda la familia salga fortalecida.

En el próximo post os contaremos algunas maneras fáciles de hacerlo.

Gregorio Gullón Arias, Terapeuta familiar y Mediador en Familias con Hijos e Hijas Adolescentes de UNAF

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