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Confinamiento e inteligencia emocional: una oportunidad para ser mejores padres y madres (II Parte)

Si en nuestro post anterior introducíamos la idea de que el confinamiento podía ser una buena oportunidad para poner en práctica la inteligencia emocional y sanar relaciones en las familias, en este os queremos ofrecer algunas claves para llevarlo a cabo.

En primer lugar, hay que decir que el punto de partida para el ejercicio de la inteligencia emocional es el autoconocimiento o la conciencia de uno mismo.

Debemos tomar conciencia de nuestros propios deseos y motivaciones, de cómo reaccionamos ante nuestros hijos e hijas o los de nuestra pareja, de los valores que tenemos  como progenitores, así como de los sentimientos que nos invaden en estos momentos tan difíciles que estamos viviendo; pero no solo los de conflicto o incertidumbre, sino también los sentimientos de felicidad o alegría.

Conocer nuestras vulnerabilidades y nuestras fortalezas nos ayudará a ser dueños de nuestros impulsos, especialmente en situaciones de tanta tensión emocional como las que atravesamos en la relación con nuestros hijos e hijas o los de nuestra pareja estos días.

Si no tomamos conciencia de nosotras/os mismas/os, responderemos de manera automática e inconsciente, poniendo en práctica patrones educativos alejados del modelo de padre o madre que queremos ser, repitiendo modelos educativos heredados de los que queríamos huir y reaccionando desproporcionadamente ante el comportamiento de nuestros hijos e hijas. En resumen, no siendo contenedores de sus emociones ni modelos para que ellos y ellas puedan regular su ansiedad (no olvidemos que esta situación también les generará sentimientos intensos, y el cómo los gestionemos nosotros/as será un modelo para ellos).

Cuando las emociones surgen en la relación con los hijos/as de nuestra pareja, se torna incluso más complejo, no solo por la ambigüedad de rol, sino por todo lo que puede entrar en juego, como los  sentimientos de rechazo, etc. de los que hemos hablado en posts anteriores. Ahora más que nunca es el momento de conectar con los sentimientos que ellos o ellas nos generan, más su figura en sí que sus conductas.

Conocernos a nosotros/as mismos/as es, en definitiva, un elemento clave para poder aportar lo mejor en nuestra relación con los/las demás.

En estos días de confinamiento tenemos que hacer el ejercicio de analizar si ciertas reacciones quizás desproporcionadas frente a las conductas de nuestros hijos e hijas o los de nuestra pareja (Ej. gritarles por no tener ordenada la casa, sermonearles ante sus obligaciones escolares, etc.) no son sino modos de descargar en ellos/ellas toda la ansiedad que esta situación nos genera y no queremos ver. Deberemos entonces asumir la responsabilidad sobre nuestras propias emociones, no culpando a los demás miembros familiares de ello.

Los sentimientos, especialmente aquellos que más nos afectan en el ejercicio de nuestro rol parental, no aparecen automáticamente como reacción a una situación concreta (Ej. no quiere ordenar la habitación), aunque tendemos a pensar que es así. Es, en cambio, la interpretación que hacemos de ese hecho (Ej. no le importo nada, todo lo que le hemos enseñado ha desaparecido…) la que genera el sentimiento de ansiedad y enfado, no la situación de por sí. Y la interpretación que hacemos del hecho no debería ser ajena a nuestra voluntad, ya que dicho sentimiento nos lleva a tener una determinada conducta. (Ej. gritarle, acusarle de no tener en cuenta nuestros sentimientos, etc.).

Una vez que tengamos una mayor conciencia de nosotros/as mismos/as, seremos capaces de una mayor autorregulación, es decir, de un mayor control de nuestros estados internos, impulsos y recursos internos.  Una sana maduración personal no pasa por eliminar los sentimientos angustiosos sino por aprender a detectarlos y manejarlos.

El autocontrol emocional propone reconocer, dirigir y canalizar las reacciones emocionales intensas. El objetivo consiste en mantenerse en un clima emocional donde las emociones no lleguen a traducirse en una conducta indeseada. El proceso a seguir sería:

1.Tomar conciencia de la emoción que estamos viviendo, como ya hemos visto.

2. Dar nombre a dicha emoción, pudiendo así hacer nuestra esta emoción, evitando caer en generalizaciones.

3. Aceptar el sentimiento, liberándolo de valoraciones o juicios.

4. Integrar el sentimiento como parte de uno/a mismo/a, transformándolo en una conducta acorde con nuestros valores como progenitores.

Conocer y gestionar las emociones que estos días nos invaden va a ser fundamental a la hora de construir una relación diferente con nuestros hijos e hijas o los de nuestra pareja, que les proporcione un soporte emocional estable y seguro sobre el que asentar su madurez evolutiva, generando modelos de apego seguros que serán el factor protector más importante en su futuro.

Gregorio Gullón, mediador y terapeuta familiar de UNAF

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