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“Lo único que quiero es que seamos una familia…tradicional”

Recogemos en este post las principales ideas de la ponencia que realizó Gregorio Gullón, responsable del Servicio de Atención a Familias Reconstituidas de UNAF, en la Jornada Técnica: “Actualidad de las Familias Reconstituidas”, organizada por esta entidad el 5 de octubre de 2017 en Madrid.

Gullón, terapeuta familiar y de pareja y mediador familiar, ha dedicado su exposición a destacar la importancia de facilitar el paso del modelo de familia nuclear al modelo de familia reconstituida, ya que la falta de identificación con el modelo relacional específico de las familias reconstituidas lleva a sus miembros a intentar reproducir los roles de la familia nuclear, lo cual está en la base de muchos de los conflictos que se generan.

Facilitar el proceso de reorganización familiar para que sea funcional

Cuando ya hace más de 25 años UNAF puso en marcha el “Servicio de mediación familiar para situaciones de separación y divorcio”, enseguida fuimos conscientes de que, como dicen Montalvo y Abelsohn, “el divorcio en sí mismo no es dañino para la familia, siempre que la estructura familiar que se arme después sea funcional, que la reorganización familiar sea adecuada”.

Años después, volvimos a constatar esta idea al poner en marcha el “Servicio de mediación para familias con hijos e hijas adolescentes” y comprobar que la mayoría de los problemas que presentaban estos no eran sino la manifestación de divorcios difíciles y de reorganizaciones familiares disfuncionales.

Por eso, decidimos crear hace dos años el “Servicio de Atención a Familias Reconstituidas”, porque nos parece claro que tan importante es ayudar a las familias en el momento de su separación como acompañarles en el crucial instante en el que aparen nuevas parejas en sus vidas y en las de sus hijos e hijas. Para, como decimos, asegurar que la reorganización se realiza de manera funcional para todos sus miembros.

Y esto no es instantáneo, es un proceso con reglas y características específicas que es importante conocer y que a veces requieren la ayuda profesional, como vamos a ver a continuación.

Gregorio Gullón, responsable del Servicio de Atención a Familias Reconstitiudas de UNAF.  Fotografía de Ángel Moreno (Imagen en Acción. http://imagenenaccion.org)

Gregorio Gullón, responsable del Servicio de Atención a Familias Reconstitiudas de UNAF.
Fotografía de Ángel Moreno (Imagen en Acción. http://imagenenaccion.org)

Elaboración de la pérdida para generar una organización familiar nueva

Dos de las primeras ideas erróneas con las que nos solemos encontrar en las reconstituciones son, por un lado, la creencia, heredada del modelo de familia tradicional, de que el matrimonio o la vida en pareja es una estructura de vida necesaria para la felicidad; y, por otro, que la ruptura es debido a “una mala elección de pareja”.

La experiencia dice que no es así en ninguno de los dos casos pero, en lo que atañe a la reconstitución familiar, el problema es que esta visión suele llevar a pensar que lo “dañado” es subsanable. Que simplemente reparando la estructura, “sustituyendo” la “pieza defectuosa”, se puede tener de nuevo la oportunidad de alcanzar la felicidad una vez “reconstruida” la familia nuclear original.

En estos casos, la reconstitución es entendida como la sustitución de un miembro por otro y no como una organización familiar nueva, con nuevos modos de funcionamiento.

Esto nos está indicando una elaboración no adecuada de la pérdida, en este caso la separación de la anterior pareja, que es el punto de partida de las familias reconstituidas. De hecho, una situación que vemos con frecuencia en nuestro trabajo con estas parejas es que, en algunas ocasiones, incluso tras años de divorcio físico y legal, no se ha producido un divorcio emocional.

Pero es necesario que esta pérdida esté resuelta Y no sólo la pérdida que ha sufrido el cónyuge, sino también la de los hijos e hijas. Si no,  las dificultades a las que tendrá que enfrentarse el nuevo sistema se multiplican.

Así, la primera tarea de la familia reconstituida es la de aprender a manejarse con las pérdidas y los cambios. El cónyuge que viene de fuera no va a formar su propia nueva familia partiendo de cero, sino que se va a encontrar tratando de integrarse en una familia ya formada, con sus propias normas de funcionamiento, historia y rituales, y ocupando el lugar de alguien, con lo que puede que no todo el mundo esté de acuerdo.

Una gran cantidad de profesionales acudieron a la jornada, que completó el aforo Fotografía de José Fernando García (Imagen en Acción: http://imagenenaccion.org)

Una gran cantidad de profesionales acudieron a la jornada, que completó el aforo
Fotografía de José Fernando García (Imagen en Acción: http://imagenenaccion.org)

Atención a las necesidades insatisfechas de la familia de origen

Otro de los retos y complejidades de la intervención con familias reconstituidas es ayudar a entender de donde viene esa necesidad de replicar la familia nuclear que “fracasó”.

Para ello, lo que más nos ayuda es conocer sus historias, porque de nada sirve comenzar a dar pautas si no se entiende antes el origen de la situación.

Así, tras el deseo de querer rehacer una familia nuclear después de la separación se encuentra a menudo la idea de que la relación de pareja es un espacio donde cada miembro va a poder reparar las necesidades insatisfechas en su familia de origen.

La literatura científica explica que todo aquello que sentimos que no recibimos en las primeras relaciones en nuestra familia nos lleva a una búsqueda continua de satisfacción de dichas necesidades en nuestras relaciones como personas adultas. Eso explica la paradoja de que, a pesar de que pocas pérdidas son tan dolorosas como una ruptura de pareja (superior incluso a la muerte, según diversos estudios), una gran mayoría de personas vuelve a intentarlo las veces que sea necesario.

No obstante, nuestras parejas u otras relaciones (amistad, descendencia, etc.) nunca podrán satisfacer estas expectativas, ya que son excesivas y no les corresponden. Pero la intimidad de la relación de pareja genera a menudo la esperanza de poder recibir lo que no se obtuvo en la relación con los propios padres y madres.

Cuando no es así, se suele sentir que la pareja “no es lo suficientemente atenta a nuestras necesidades” y se reacciona defensivamente contra ella, con gran malestar.

En muchas ocasiones se culpa de ello a un “tercero”, en forma de chivo expiatorio, a quien se acusa de ser el motivo por el que nuestra pareja no puede darnos todo lo que necesitamos. En las familias reconstituidas, el “chivo expiatorio” suelen ser los hijos e hijas de la pareja.

Y aquí es donde aparece otro de los grandes problemas, porque en esos momentos se suele construir una relación de gran competitividad entre las nuevas parejas y los hijastros e hijastras.

Y el perdedor siempre va a ser el vínculo de pareja. En primer lugar porque, al contrario que en la familia nuclear, es posterior en el tiempo al vínculo paterno-filial. Y, en segundo lugar, porque el progenitor y el hijo o hija lo van a seguir siendo pase lo que pase, mientras que la pareja sólo seguirá junta mientras ambos estén bien en la relación.

Es por ello que gran parte de nuestra intervención en estos casos pone el foco en salvaguardar el vínculo de pareja, el más vulnerable de esta nueva familia. Porque  sabemos que, para que la familia reconstituida funcione, tiene que funcionar la pareja, y esta tiene muchos “enemigos” externos.

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