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Los cambios en los hijos e hijas de las familias reconstituidas

[…] “Antes éramos papá, mamá, hermanito y yo; luego somos papá, hermanito y yo por un tiempo, y el otro tiempo somos mamá, hermanito y yo (¡ah!, se me olvidaba!, entre medias, fuimos también abuelos, papá, hermanito y yo), y ahora quieren que seamos, por un lado: papá, hermanito y yo y la novia de papá, pero es que también quieren que seamos: mamá, hermanito y yo, y el novio de mamá, con sus hijos […] (Fuente: https://mediafamilypsico.wordpress.com/2014/06/12/hijs-y-la-nueva-pareja/).”

Las familias reconstituidas son familias en transición. Es decir, familias que tienen que asumir un número importante de cambios en un corto período de tiempo, al menos más corto que lo que es habitual en las familias convencionales, y que, por lo tanto, no figuran en la expectativa vital de sus miembros (R. Pereira). Son claros los cambios y pérdidas que sufren las personas adultas que deciden formar una familia reconstituida, pero a veces se nos olvida lo que supone para las hijas e hijos el proceso de reconstitución.

No sólo los y las menores no han elegido la nueva situación, sino que además muchos de los cambios que viven en sus vidas se producen en función de las decisiones que toman las personas adultas. Por ejemplo, si éstas han decidido compartir la custodia, lógicamente, los y las menores tendrán dos hogares, lo que no supondría un problema en principio, pero sí una complejidad. Esta dificultad radica en la necesidad de establecer unas normas y reglas coherentes en cada hogar, implicando así una relación fluida y comunicativa de la expareja. En casos en los que la ruptura ha sido conflictiva, resultaría muy difícil llevar a cabo una educación cooperativa en los dos hogares.

Los niños y niñas se adaptan fácilmente a dos hogares, pero no se adaptan a las peleas que pueden mantener los progenitores en el proceso de ruptura.

La familia reconstituida implica cambios en su vida diaria de cara al/la menor: cambio de colegio, amigos, habitación y espacio. Son otras las personas con las que convive y los roles que cumple en el hogar. Repentinamente, aparecen nuevas figuras adultas, la nueva pareja de su padre o de su madre, hermanastros/as, nuevos tíos y tías… y por si fuera poco, en una casa es el hermano pequeño y en otra, el mayor con un medio hermano/a que sólo comparte un progenitor con él o ella.

Todo esto a la vez mientras intenta superar la pérdida de su familia ideal (con su padre, madre y hermanos/as). Quizás, sienta abandono, culpa, miedo, ira o tristeza, pero seguramente, se aferre a su padre como padre y a su madre, como madre. Esta lealtad biológica, puede ser la causa de no aceptación de la nueva pareja y es importante tenerla en cuenta para no forzarle a “querer” a su madrastra o padrastro.

Como decíamos anteriormente, una característica fundamental de las familias reconstituidas es que se aceleran las etapas de la familia, cambios rápidos en poco tiempo. Los hijos e hijas necesitan tiempo para asumir tanto cambio. La paciencia y el respeto del ritmo de los hijos e hijas es esencial para conseguir con éxito la felicidad en la nueva familia.

Belén Rodríguez-Carmona, Técnica de programas de sensibilización de UNAF

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