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“Yo quiero tener descendencia y tú no”. ¿Cómo lo resolvemos?

recursoComo sabes, denominamos familia reconstituida a la formada por una pareja en la que al menos uno de los miembros tiene hijos o hijas de relaciones anteriores.

Las familias reconstituidas son un ejemplo de diversidad. En algunos casos es solo un miembro de la pareja quien aporta descendencia, mientras que en otros casos lo hacen ambos. La nueva pareja puede tener además hijas e hijos en común. Y a veces se da la convivencia de hijos e hijas comunes y no comunes, mientras que otras viven en hogares diferentes.

Dentro de esa diversidad, las estadísticas indican que una de las combinaciones más frecuentes es la formada por un hombre que aporta hijos o hijas de una relación anterior y una mujer que no. Estas mujeres suelen estar en una franja de edad de entre 30 y 40 años y tener una vida laboral encarrilada, por lo que es habitual que se le plantee un deseo de parentalidad común. El conflicto empieza cuando a la otra parte no.

¿Cuál es el origen del deseo?

Evidentemente, desear tener un hijo o una hija con tu pareja es completamente legítimo. Pero desde nuestra experiencia atendiendo a familias reconstituidas, es importante identificar de dónde surge realmente ese deseo para que no sea simplemente una reacción para tratar de solucionar un problema previo de la relación sino un deseo propio que forme parte de un proyecto de vida.

Esto suele ocurrir en alguna de estas situaciones propias de las familias reconstituidas:

– Cuando se tiene la creencia errónea de que hasta no tener un hijo o hija en común no se es una familia. Esta idea forma parte de la equivocación que cometen muchas familias reconstituidas al pretender reproducir el modelo de familia nuclear, que no es posible y, por tanto, suele acabar siendo fuente de conflictos.

– Cuando el deseo de tener un hijo o una hija surge como respuesta a la sensación de estar “excluido/a” por el vínculo paterno-filial. Esta es una situación bastante habitual, ya que una de las características propias de las familias reconstituidas es la diferente naturaleza de los vínculos entre sus miembros y el orden en el que se han generado. Así, el vínculo paterno-filial es anterior a la pareja y siempre va a ser más fuerte y duradero que el de la pareja, que es posterior y puede tener un fin. Si esto no se entiende y se acepta, suelen generarse relaciones competitivas entre el vínculo paterno-filial y el de pareja, produciéndose en la persona sin descendencia una sensación de exclusión y de estar “en segundo plano”, llevándole a plantearse tener un hijo o hija propio/a que le “reintegre” en el sistema familiar con su propio espacio.

– Cuando se plantea como una forma de “auto-justificar” o “compensar” el cambio de estilo de vida que sufre la persona sin descendencia. Suele surgir de una sensación de desequilibrio o de perjuicio al verse asumiendo toda la parte negativa que acarrea la crianza de hijas e hijos (tareas de un hogar familiar, cuidados, reducción de la vida social, conflictos con las ex-parejas…) sin ni siquiera ser suyos. Esto es habitual cuando la parte que los tiene viene de un divorcio difícil, muy judicializado y donde ha habido mucho conflicto, por lo que ya no desea tener más descendencia. Entonces la nueva pareja siente que su situación es injusta y le surgen pensamientos del tipo “esa es tu guerra y yo no tengo por qué pagarla”, “con tu ex sí quisiste tener un hijo/a y conmigo no” o “ya que estoy cargando con todo lo malo, yo también quiero”.

Así, cuando se generan conflictos, la primera intervención que realizamos con la pareja es ayudarles a identificar si están en alguna de estas situaciones y a que se hagan conscientes del origen del deseo, para asegurarse de que nace de una necesidad “sana y propia” y no como respuesta a una mala situación. En definitiva, a que sea una decisión libre, deseada y consciente.

Asegurar la claridad en la respuesta y en las expectativas

familiasreconstituidas4Las familias que acuden a nuestro servicio de atención a familias reconstituidas con este tema suelen hacerlo porque han llegado a un punto de estancamiento en el conflicto que ya no saben resolver. Se sienten en un callejón sin salida, con una parte que presiona y otra que da respuestas ambiguas o trata de dilatar el conflicto en el tiempo.

Por eso, la otra clave ante estas situaciones es terminar con la posible ambigüedad y facilitar la claridad de las respuestas y expectativas de futuro.

Hay que entender que esta situación es bastante habitual en las familias reconstituidas por las propias características del proceso en el que se suelen generar las nuevas parejas. A veces, la nueva pareja surge en un momento en el que aún hay mucho conflicto con la ex pareja o se está en un periodo de transición. Entonces ocurre que o no se habla directamente del tema o se pospone con un “ya veremos más adelante…”. Esto hace que, cuando se produce la negativa, la otra persona se sienta “engañada”.

Así, el acompañamiento profesional de estos conflictos tiene como uno de sus principales objetivos generar esa claridad y honestidad por ambas partes para resolver esa sensación de incertidumbre, que suele provocar mucho dolor y amenaza el derecho de la persona a decidir libremente su proyecto de vida.

Si quieres saber más sobre el Servicio de Atención a Familias Reconstituidas de UNAF:

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