Mediación familiar en separación o divorcio

Si estás pensando en separarte o divorciarte, en UNAF te ofrecemos un servicio de mediación familiar, donde una tercera persona neutral (mediador o mediadora profesional) os ayudará a alcanzar acuerdos para reorganizar vuestra relación como progenitores, a clarificar e identificar los intereses en común y a negociar acuerdos satisfactorios para toda la familia, en especial, para vuestros hijos e hijas.

Este servicio es GRATUITO para familias gracias a la financiación obtenida a través de la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid.

¿Quieres saber cómo funciona?

El proceso que se desarrolla cuando una persona decide acudir a un servicio de mediación familiar está basado en el sentido común. Desde el primer momento, a las familias se les informa conjuntamente de todos los detalles de la intervención. Su mediador o mediadora les comunicará en una primera entrevista informativa todos los detalles del proceso a seguir.

Dos puntos importantes a tener en cuenta a la hora de iniciar un proceso de mediación son:

La mediación es un proceso conjunto, en el que ambos miembros de la pareja deben acudir a todas las sesiones. Por regla general, el mediador o mediadora se reunirá semanalmente con todas las personas participantes en la mediación.

Solo en casos muy excepcionales la persona mediadora realizará entrevistas individuales con cada una de ellas.

El proceso de mediación es voluntario, y por tanto, en cualquier momento puede ser suspendida unilateralmente por cualquiera de las personas participantes en la mediación o por la prsona mediadora. El único compromiso es acudir a una última entrevista en la que se expon.

El único compromiso es acudir a una última entrevista en la que se expongan las razones llevan a no continuar con la mediación.

¿Cuál es el papel del mediador o mediadora?

En la entrevista inicial se informará a las personas participantes en la mediación del papel que el o la profesional de mediación va a desempeñar en la intervención. Su principal función es la de servir de guía o conductor/a en un proceso de negociación que tiene como finalidad llegar a acuerdos con respecto a la forma de establecer la nueva organización familiar una vez producida la separación.

Igualmente, les señalará que su papel implica mantenerse imparcial y que, por tanto, no tiene interés en que ninguna de las dos partes salga más favorecida en la negociación. El objetivo es encontrar la solución más beneficiosa para todos los miembros de la familia. También les dirá que los contenidos de las entrevistas son confidenciales y que, en el caso de que la mediación no llegue a su fin, no podrá facilitar ninguna información sobre lo tratado en las entrevistas ni revelar ningún dato que pudiera perjudicar a cualquiera de las personas participantes en la mediación en un posterior procedimiento contencioso de separación.

Además, se les aclarará que en mediación existe una “política de información compartida”. Esto significa que toda información con el mediador o mediadora, proceda de quien proceda, deberá ser puesta en común en la siguiente entrevista de mediación. No existe en ningún caso la posibilidad de confidencias o secretos con su el o la profesional.

Los pasos del proceso de mediación familiar

La mediación se lleva a cabo en dos fases muy diferenciadas; fase de premediación y fase de mediación. El intervalo medio de las entrevistas a realizar se encuentra comprendido entre las 6 y 9 sesiones.

01

Pre-mediación

El mediador o mediadora va a procurar obtener la máxima información posible sobre cuál es la situación familiar actual y sobre cuáles son las circunstancias que han llevado al planteamiento de separación, según la interpretación legítima de cada uno de los participantes en la mediación.

Esta fase tiene una duración máxima de 3 entrevistas.

 

02

Negociación

En la siguiente fase del proceso se va a establecer una negociación sobre todos aquellos temas que hay que se van a abordar en este tipo de situaciones con la finalidad de llegar a un punto de encuentro consensuado entre los participantes en la mediación. Esta segunda etapa únicamente se iniciará en el caso de que ambos miembros de la pareja están seguros de querer seguir adelante con la separación.

Si al final de la negociación se llega a acuerdos en todos los temas abordados durante la mediación, el mediador o mediadora redactará un documento, llamado acta final de mediación que recogerá todos los acuerdos alcanzados durante la negociación y que podrá servir para agilizar la posterior tramitación judicial.

Preguntas y respuestas

Responsabilidades Parentales

  • Todos aquellos aspectos relacionados con la salud, la educación y el bienestar de los menores.
  • Con quien van a residir habitualmente los hijos e hijas comunes.
  • En qué lugar se va a fijar el domicilio tanto los menores como sus progenitores
  • Cual es el tiempo que van a pasar los hijos e hijas con cada uno de sus padres tanto en el periodo escolar como en los periodos vacacionales.
  • Cualquier otra cuestión que sea objeto de preocupación de los participantes en la mediación: cómo explicar a los hijos/as la decisión de la ruptura, las actitudes que pueden posibilitar una mejor adaptación de los menores a la nueva situación de separación, etc.

 

Responsabilidades Económicas

  • Cuáles son las necesidades económicas de hijos e hijas.
  • Cual es la contribución que cada progenitor va a realizar para cubrir las necesidades económicas de las y los menores tanto en lo referente a sus gastos ordinarios como extraordinarios.
  • Previsión de la situación económica de los participantes en la mediación una vez producida la ruptura. 

 

Reparto de Bienes y Deudas Comunes

  • La elaboración de un inventario de los bienes tanto en lo referente al activo como en pasivo.
  • La negociación sobre la atribución y el reparto de bienes y deudas comunes.
  • También se pueden abordar cualquier otra preocupación que como padre o madre tengan a la hora de afrontar su separación.

En la elección hay que tener en cuenta que aparte de su profesión de origen (abogado/a psicólogo/a etc.) es necesaria una formación específica que le capacite como mediador familiar. El mediador/a debe tener amplios conocimientos de distintas disciplinas que provienen fundamentalmente del ámbito del derecho y de la psicología, así como debe de trabajar en la potenciación de una serie de características personales que le permitan estar en las mejores condiciones posibles a la hora de afrontar el desempeño de su función. El usuario debe informarse sobre la formación del mediador/a y elegir profesionales que hayan recibido una formación específica que les capacite para el ejercicio de la mediación.

Para elegir mediador/a, haga las siguientes preguntas:

    ¿Qué tipo de formación en mediación posee el/la profesional que le va a atender?

    ¿Desde cuándo lleva ejerciendo como mediador?

    ¿Cuál es su coste económico?

    ¿Cuánto tiempo durará el proceso de mediación?

La Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), es una organización adscrita al Fórum Europeo de Mediación, los mediadores que trabajan en ella (abogados, psicólogos y trabajadores sociales) están específicamente formados en mediación familiar por L´Ecole des Parents et Educateurs Ile-de-France y están sujetos a un código de conducta profesional. También está reconocida como entidad externa en el Registro de Mediadores e Instituciones de Mediación del Ministerio de Justicia.

Su decisión de acudir a la mediación y elegir mediador/a es muy importante.

El planteamiento del que parte la mediación puede dar lugar a una visión excesivamente optimista de la misma, llegándose en ocasiones a creer que es la solución ideal a todo tipo de problemas.

Desgraciadamente esto no es así y por tanto, es necesario reconocer con humildad que este tipo de intervención, como cualquier otra, tiene sus limitaciones; esencialmente porque trabaja partiendo de la libre voluntad de las partes, y allí donde esta se encuentre mediatizada por alguna circunstancia, la mediación estará siempre contraindicada.

En este sentido, la mediación familiar, no es posible en aquellos casos en los que:

Algún miembro de la pareja no ejerza el control sobre su voluntad y, por lo tanto, sea capaz de asumir compromisos adquiridos o incluso de adquirir compromiso alguno. Adicciones tales como alcoholismo, toxicomanía, ludopatía etc., requieren de un tratamiento previo al inicio de un proceso de mediación familiar.

Tampoco es posible la mediación en todos aquellos casos en los que uno de los miembros de la pareja o sus hijas/os sean objeto de violencia familiar, porque las decisiones que se pudieran tomar a lo largo de la mediación estarían inevitablemente condicionadas por el desequilibrio de poder existente entre la pareja, llegando a influir en los acuerdos el temor al otro, con el consiguiente riesgo, para los miembros de la unidad familiar víctimas de la violencia, así como la mayor probabilidad de incumplimiento del acuerdo.

Consejos prácticos para progenitores que afrontan una situación de ruptura

Cuando hablamos de responsabilidad parental positiva hacemos alusión al ”conjunto de conductas parentales que procuran el bienestar de niños y niñas y su desarrollo integral desde una perspectiva integral de cuidado, afecto, protección, enriquecimiento, seguridad, y no violencia, que proporciona reconocimiento personal y pautas educativas e incluye el establecimiento de límites para promover su completo desarrollo, el sentimiento de control de su propia vida posibilitando alcanzar los mejores logros tanto en el ámbito familiar como en el académico, con los amigos y en el entorno social y comunitario”. (Recomendación del Consejo de Europa sobre Parentalidad Positiva REC (2006) 19).

En las situaciones de separación es importante conseguir que el componente emocional intenso que los progenitores viven como consecuencia del proceso de elaboración de su ruptura, no les incapacite de forma permanente en el ejercicio responsable, compartido y adulto de la parentalidad positiva. Se trata de no crear barreras insuperables, en los momentos más álgidos del conflicto provocado por la separación, que impidan ejercer la responsabilidad parental de forma compartida en un futuro.

Esta recomendación parte de la idea general de que lo que los hijos e hijas tienen derecho a no perder a ninguno de sus progenitores cuando estos deciden su separación. Es importante en esos momentos recordar la mayor información posible con respecto a cuáles son las necesidades de las hijas e hijos cuyos progenitores ya no viven juntos. El hecho de que esta información es sea integrada en su experiencia como padres o madres, puede sin duda ayudarles a evitar algunos errores comunes y de esta forma facilitar la adaptación de hijos e hijas a la nueva situación.

Sus hijas e hijos tienen derecho a:

  • Desarrollar y mantener una relación independiente con cada uno de sus progenitores.
  • Estar al margen del conflicto entre su padre y su madre.
  • No tener que tomar decisiones que desbordan sus posibilidades y que son exclusiva responsabilidad de las personas adultas a su cuidado. Por ejemplo, la elección del progenitor con el que van a convivir o el tiempo que van a pasar con el progenitor con el que no conviven habitualmente.
  • No tener que tomar parte, defender o infravalorar la importancia de ninguno de sus progenitores.
  • Ser guiados, educados y alimentados por su madre y por su padre sin la interferencia del otro.
  • Que sus necesidades materiales sean sufragadas por ambos, de forma independiente al tiempo que pasan con cada uno de ellos.
  • La posibilidad de disfrutar de la compañía de cada uno de ellos, de forma independiente a si se contribuye o no económicamente a sus necesidades.
  • Disponer de un espacio personal en la casa de cada uno de sus progenitores.
  • Desarrollar y mantener relaciones con otras personas adultas (familiares, nueva pareja, etc.), mientras estas no interfieran o reemplacen la relación del hijo o la hija con sus progenitores.
  • Confiar en que tanto el padre como la madre cumplirán los compromisos adquiridos en su separación con respecto tanto a las necesidades afectivas como económicas de los hijos.

Cualquier cambio familiar afecta a niñas y niños. La ruptura parental conlleva un proceso de adaptación que puede ser más o menos largo y difícil para ellas/os. Todo depende de la forma en la que los progenitores encaren su relación parental una vez producida la separación.

Es necesario tener en cuenta que los hijos y las hijas nunca deben ser considerados demasiado jóvenes para poder tener una explicación sobre la separación de sus progenitores. Las niñas y niños con edad suficiente para reconocer la existencia individualizada de cada uno de sus padres deben ser informados sobre la separación.

Con frecuencia, los niños y niñas no manifiestan abiertamente su aflicción, ni son conscientes de los cambios que va a suponer para ellos la nueva situación. Por ello, los padres deben de ser claros y concisos a la hora de explicarles lo que va a pasar, y hacerlo de manera que lo puedan entender. El modo variará según la edad, la madurez y comprensión de cada niña o niño, pero, sin duda, lo peor que se puede hacer es mentirles, intentar que no se enteren o no hablarles del tema.

La explicación de la separación a hijas e hijos es un momento muy duro, por ello es habitual que surjan innumerables resistencias que deben ser vencidas mediante una preparación conjunta de ambos progenitores.

Explicar de forma clara y directa que la ruptura es solo entre ellos puede suavizar el miedo, casi universal, de que si los progenitores pueden separarse entre ellos también pueden separarse de sus hijas e hijos.

No imputar la culpa a ningún progenitor, ni directa ni indirectamente, permite que hijos e hijas no tengan que tomar partido ni etiquetar a uno de sus progenitores como “bueno” y a otro como “malo”.

Es importante enfatizar el hecho de que la decisión de la separación es meditada y firme, que no existe vuelta atrás y que por lo tanto hijas e hijos no pueden hacer nada para que vuelvan a unirse.

También es necesario dar a los niños o niñas una visión de lo que va a pasar en el futuro. Ser realistas y centrarse en áreas de gran interés como los posibles cambios en planes de vida o escolares.

Por último, es importante animar a los hijos e hijas para que hagan todas las preguntas que les permitan aclarar sus dudas sobre cuál va a ser la nueva situación familiar.

En resumen, niños y niñas tienen que saber tres cosas:

Que siguen teniendo la protección de las personas que ejercen el rol parental:

Los niños y niñas más pequeños pueden tener problemas con esto. Después de todo, uno de sus progenitores se va a marchar. Pueden tener que cambiar de casa o de colegio, necesitan saber qué sucede con todos los cambios y asegurarles que son lo más importante tanto para su padre como para su madre y que ambos van a seguir estando ahí.

Que no es su culpa:

Niños y niñas no tienen conocimiento de la relación de pareja ni de las causas reales de su ruptura. Pueden magnificar lo que sienten con el fin de parar una separación o intentar asumir la responsabilidad. Necesitan entender que no son la causa de esa separación, que no tienen que tomar partido, que sus progenitores los quieren y que seguirán formando una parte sumamente importante de sus vidas.

Que podrán seguir viendo a cada uno de a sus progenitores:

La familia que ellos conocen va a cambiar, todo será diferente. Los cambios van a ser muy grandes para los niños y niñas, su rutina, el día a día se vuelve muy importante. Por tanto, es conveniente dejarles claro que seguirán viendo a sus progenitores a menudo y con regularidad.

  • Estar preparado para escuchar y tranquilizar. El niño o la niña puede necesitar que se le hable y se le convenza de que él/ella no puede hacer nada para evitar la separación. Puede necesitar hablar de ello y volver sobre el mismo tema una y otra vez. Hay que ser paciente e intentar ayudarle.
  • Dedique un tiempo especial a su hija/o. Es algo que ambos pueden hacer. “Especial” no en el sentido de hacer regalos o de permitir acostarse tarde, sino de ver y ser consciente de las necesidades de loas hijos e hijas. Ayuda el hecho de que hablen, se sientan a gusto y se encuentren dentro de una rutina familiar.
  • Favorezca el respeto y el amor hacia el otro progenitor. Puede ser duro si su ex pareja le ha herido. Pero son sus hijas/os y cualquiera que sea el final de su relación, ellos no son culpables. Porque son dos progenitores, pueden seguir siendo una “familia” para ellos. La ira y la amargura continuadas hacia tu ex pareja puede hacer más daño a sus hijas/os que la propia ruptura. Su ex pareja es el otro progenitor y los niños y niñas no pueden sentirse culpables de querer a uno u a otro.
  • No permita que sus hijas/os sean objeto de sus disputas. No deje que discusiones o gritos puedan quedar en su memoria. Un niño o niña no puede ser una ayuda en una discusión, apártele de las luchas familiares y no le pongan en situación de tener que escoger entre ambos.
  • El sentirse culpable puede interferir en la educación de sus hijas/os. los niños y niñas necesitan un control continuado. Demasiada permisividad o indecisión por parte de los progenitores puede ser contraproducente para hijos e hijas. Necesitan saber cuáles son sus obligaciones y límites. Sienten confusión cuando las personas adultas les dejan hacer cosas que saben que están mal. Necesitan liderazgo y en ocasiones autoridad. Los progenitores deben saber decir “no” cuando es necesario.
  • Deje que tomen parte en los planes de futuro. Esto puede ser tan sencillo como dejarles escoger el color de su nueva habitación, o ayudarles a elegir piso, etc.; y si son mayores conociendo qué decisiones hay que tomar referentes a su vida. Pero es importante que el hijo o la hija no tenga que tomar decisiones como: “¿Quieres de verdad ver a papá/mamá este fin de semana?” No es jugar limpio con el hijo o la hija o con el otro progenitor y puede que así su hija o hijo se sienta culpable al hacer algo natural.
  • No les haga preguntas sobre el otro. Sus hijas e hijos  son leales a ambos y no desean hacer daño a ninguno. No se les puede preguntar sobre la vida que lleva su ex pareja, si da una información voluntaria por parte del niño/a, acéptela. Podría adoptar una actitud poco comunicativa si siente que se le examina sobre la vida de su padre o de su madre.
  • Procure cambiar mínimamente sus rutinas. Hijos e hijas necesitan continuidad y les cuesta hacer frente a demasiados cambios de golpe. Hay que dejar que el tiempo permita que se acostumbren a los cambios originados como consecuencia de la ruptura.

 

En definitiva, la actitud con la que los progenitores afronten su separación puede minimizar o agravar las consecuencias que esta tenga para hijos e hijas. En el siguiente cuadro se señalan cuáles son los comportamientos con los que usted puede ayudarles o perjudicarles en el proceso de elaboración y aceptación de la ruptura de la pareja.

Aspectos Perjudiciales

Aspectos Beneficiosos

  1. Ofrecer falsas esperanzas de reconciliación

1. Tranquilizar a las hijas e hijos, ellos no son causa de la ruptura.

  2. Situar a los hijos e hijas en medio del conflicto entre la pareja

2. Mantener los roles de personas adultos y progenitores.

  3. Solicitarles que actúen como mensajeros o espías

3. Permitirles expresar sentimientos sobre la ruptura.

  4. Amenazar a las hijas e hijos con abandonarles

4. Proveer estabilidad y continuidad en la vida de los hijos e hijas.

  5. Hacer más cambios de los necesarios en la vida de hijas e hijos

5. Tranquilizarles diciéndoles que estarán seguras/os y cuidadas/os.

  6. Buscar el apoyo emocional principal en los hijos e hijas

6. Hacerles saber que son queridas/os por ambos progenitores.

  7. Hacer comentarios o descalificar al otro progenitor

7. Buscar apoyo emocional en otras personas adultas.

  • Estrategias de Reconciliación. Puede expresarse mediante comportamientos sintomáticos o regresivos. El hijo o la hija intenta así mantener a los progenitores juntos.
  • Estrategia para reducir la angustia de la separación. Reacciones emotivas intensas durante las visitas o intercambios por volver a experimentar la ansiedad de la separación.
  • Estrategia para provocar tensiones. Para reducir la tensión existente entre los progenitores, el niño o la niña se ofrece como “chivo expiatorio” con el fin de centrar la tensión en él.
  • Estrategia para comprobar el amor. El hijo o la hija teme perder a sus progenitores y tenderá a verificar el amor que sienten por él acaparando su atención.
  • Estrategia para comprobar la lealtad. Hijos e hijas pueden sentirse divididos entre sus progenitores y ello les lleva a no manifestarse de forma natural sino en función de lo creen que cada uno espera de ellos.
  • Estrategia de búsqueda de equilibrio y de justicia absoluta. Realizan intentos por compensar e igualar las concesiones entre ambos progenitores, intentando de esta forma evitar conflictos.
  • Estrategia para proteger la autoestima de los menores. Los hijos o hijas que se convierten en receptores del rencor de un progenitor hacia el otro tienden a distanciarse de la persona adulta causante de ese malestar.
  • Estrategia para proteger la autoestima de los progenitores. Si las hijas e hijos observan la fragilidad de sus progenitores tenderán a convertirse en su apoyo emocional.
  • Estrategia para alentar un estilo de vida permisivo. Las hijas e hijos pueden manipular el divorcio en su propio beneficio. Estos niños y niñas no muestran mucha angustia emocional. Puede expresar una falta de lazos con alguno de sus progenitores o una retirada del conflicto parental.

Pide una cita ahora
con nuestros especialistas