Cómo afecta el género a la salud sexual y la sexualidad de la población migrante en España

Disponer de información acerca de la población migrante, sus creencias e ideas sobre sexualidad es fundamental para incorporar en las acciones y los programas de intervención comunitaria temáticas como la sexualidad y la salud sexual y reproductiva, pues la atención en sexualidad no sólo es necesaria para la prevención de Infecciones de Transmisión Genital (ITG), sino también para mejorar en general la forma en que las personas viven su sexualidad, y para proteger los derechos sexuales y reproductivos, que son derechos humanos.

UNAF_Guia_profesional_05Por tanto, caracterizar a las mujeres y los hombres, así como a los distintos grupos sociales que forman el conjunto de la población migrante en España y establecer las diferencias entre unos y otros, nos permitirá el cumplimiento de nuestros fines: dar información y prestar asesoramiento, atención, y orientación sobre todos aquellos temas que faciliten la vida de las personas usuarias de nuestros servicios y de su entorno, así como poner en juego los recursos que favorezcan su bienestar y su salud en las múltiples y complejas relaciones entre las personas y sus ambientes de procedencia y acogida.

Igualmente, el manejo de esta información nos permitirá prestar apoyo al personal experto en materias como la salud sexual y reproductiva y la sexualidad, al disponer de criterios adecuados para la derivación de personas usuarias que requieran los servicios de cada competencia.

Perspectiva de género en la caracterización de la población migrante

Como sabemos, la diferencia conceptual entre sexo y género (el sexo se refiere a los rasgos fisiológicos de ser macho o hembra, mientras el género hace referencia a la construcción cultural y social de esas diferencias sexuales determinadas, respectivamente, como masculinas o femeninas) nos permite disponer de una categoría explicativa sobre el papel que juegan mujeres y hombres en la construcción social y simbólica de las diferentes culturas. Así, el género se constituye como una categoría de análisis que, como tal, permite capturar información precisa, aglutinarla y desplazarla, abstrayendo diferentes características comunes a los sujetos, grupos o situaciones, posibilitando su clasificación.

De este modo, utilizando el género como categoría de análisis, vamos a identificar los diferentes obstáculos y las facilidades que tienen que afrontar los hombres y las mujeres inmigrantes durante su estancia en el país de acogida y, una vez identificados, podremos elaborar estrategias para incorporar la salud sexual y reproductiva y la sexualidad en las acciones y en los programas de intervención comunitaria.

Los hombres migrantes, aspectos generales

Debido a los roles de género, su actividad social (relaciones) y económica (empleo -tanto en la economía formal como informal-) se desarrolla en la esfera pública, teniendo un uso de los tiempos ordenado (horarios) que facilita la gestión y organización de los mismos. Por otra parte, quienes participan de una estructura familiar no tienen -ni por lo general asumen- la responsabilidad de participar activamente en las tareas domésticas ni de cuidados, lo que les permite planificar y disponer de espacios y tiempos privados que favorecen su participación en grupos sociales, a partir de los cuales generan redes (formales o informales) que facilitan el transvase de información. En este sentido hay que señalar que el hecho de recibir información no significa que esta sea adecuada o sustantiva.

En cuanto a la sexualidad, consideran que es “territorio de los hombres” y que ellos tienen más necesidades y deseos que las mujeres. Por el contrario, la reproducción sexual (embarazo, gestación y crianza) a efectos de planificación y cuidados la dejan bajo la responsabilidad de las mujeres.

Respecto a la salud sexual, relacionan las infecciones y enfermedades de transmisión genital (ITG/ETG) con la homosexualidad y en algunos casos con las relaciones sexuales ajenas a la pareja estable.

Las prácticas eróticas las centran en torno al coito, aunque esto está cambiando en beneficio del sexo oral y de la penetración anal, pero en cualquier caso el pene es el protagonista y no manifiestan mucha curiosidad por conocer la erótica y los puntos de placer de las mujeres. Para ellos, los besos, las caricias, incluso la masturbación forman parte de los prolegómenos de la penetración.

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Las mujeres migrantes,  aspectos generales

Los roles de género sitúan a las mujeres en la esfera doméstica siendo las máximas -y a veces las únicas- responsables de las tareas domésticas y de los cuidados a personas dependientes (menores, mayores, personas enfer- mas, etc.).

Aun cuando desarrollen una actividad económica en la esfera pública, es decir tengan un empleo en la economía formal o informal, esto no les exime de las responsabilidades domésticas y de cuidados, lo que afecta a los espacios y tiempos privados, que son sacrificados, limitando e incluso impidiendo su participación en grupos sociales, lo que les hace carecer de redes (formales o informales) relacionales, afectivas y de información.  El aislamiento y el sobreesfuerzo provocan un exceso de cansancio físico y psicológico por el que su salud acaba resintiéndose, repercutiendo negativamente sobre su calidad de vida, su bienestar y, por ende, sobre su sexualidad.

En cuanto a la sexualidad, también ellas consideran que es “territorio de los hombres” y que las necesidades y los deseos de ellos son más perentorios y urgentes que los de ellas, sintiéndose en la obligación de satisfacerlos aunque no lo deseen. Mantener relaciones eróticas poco apropiadas para que ellas puedan disfrutarlas, junto con la sobrecarga de trabajo, son dos de las causas que repercuten en que la pareja disponga de menos tiempo para invertir en su relación y que el desarrollo de su sexualidad sea de menor calidad.

Por el contrario, consideran que la reproducción sexual (embarazo, gestación y crianza) a efectos de planificación y cuidados es su responsabilidad, por lo que en las parejas heterosexuales son ellas quienes se implican más en la anticoncepción.

Respecto a la salud sexual, se consideran exentas de contraer ITG y ETG si no tienen prácticas sexuales fuera de su pareja estable, en la que muy raramente piensan como posible vía de transmisión.

En cuanto a la procreación en las parejas constituidas, algunas de las costumbres y usos relativos a la pareja pueden obstaculizar el desarrollo y bienestar de muchas mujeres. Por ejemplo, en algunas culturas se considera que tener descendencia inmediatamente después de constituir la pareja contribuye a consolidar los vínculos amorosos. Sin embargo, y aun en el caso de que los embarazos sean deseados, si se producen en el seno de una relación que aún no está demasiado consolidada la probabilidad de que la relación se rompa o deteriore es alta. El resultado es conocido: mujeres solas, con recursos limitados y con cargas familiares a las que no siempre pueden dar respuesta ya que, además, esta situación (mujer, madre e migrante) complica encontrar un empleo, siendo abocadas a situaciones de pobreza e incluso de exclusión social.

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Así pues, el impacto de género en la vida de las mujeres migrantes tiene consecuencias negativas tales como aislamiento, sobreesfuerzo, soledad, inapetencia sexual y ausencia de deseo, problemas de salud, pobreza, auto-desconocimiento de su erótica y de su cuerpo, riesgo de contraer infecciones genitales a través de sus parejas, sobrecarga en cuidados y responsabilidades, dificultades en el acceso a la información… situaciones que, a su vez, se pueden complicar si no se maneja el idioma del país de acogida (en este caso el español), se carece de redes afectivas de apoyo y se desconocen los recursos existentes o las vías para acceder a los mismos.

Todas estas circunstancias colocan a las mujeres migrantes que las viven, total o parcialmente, en situaciones de discriminación y desigualdad, respecto de los hombres migrantes, para poder desarrollar su sexualidad y alcanzar una vida placentera y satisfactoria, poniéndoles en riesgo de sufrir violencia y maltrato y abocándolas, en los casos más desesperados, a tener que recurrir a actividades no deseadas como, por ejemplo, la prostitución que les coloca en una situación de vulnerabilidad mayor pues incrementa el aislamiento y el riesgo de contagio de ITG, propiciando que puedan convertirse en víctimas de explotación con pocas posibilidades de conseguir un trabajo distinto.

Por ello, abordar la sexualidad y la salud sexual y reproductiva en nuestras acciones y programas comunitarios, requiere la incorporación de la perspectiva de género como transversal y la implementación de acciones positivas que faciliten la eliminación de la desigualdad y la discriminación que sufren buena parte de las mujeres migrantes en España.

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