Diversidad y claves culturales para atender la salud sexual de la población migrante

Los seres humanos nos desarrollamos en grupos sociales cuyas costumbres, creencias, tradiciones y valores difieren entre sí marcando  la diferencia entre unos grupos y otros. A su vez, los individuos que conforman cada grupo, al compartir valores, creencias, costumbres y tradiciones, perciben una sensación de pertenencia que les permite sentirse acompañados por sus pares y les ayuda a desarrollar su identidad (personal y social), reconociéndose y presentándose ante el resto de la sociedad como parte de ese determinado grupo. Dicha sensación de pertenencia se afianza cuando, además, se comparte el idioma y determinados rasgos biológicos y étnicos que enraízan a las personas que los comparten en un origen histórico común. Sin embargo, cada ser humano es personal e irrepetible, cualquiera que sea su entorno de procedencia y su grupo de pertenencia, y las personas inmigrantes no son una excepción.

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Estos rasgos comunes que nos crean sensación de pertenencia se perpetúan a través de la existencia de mitos y de arquetipos, a través de los cuales se van creando modelos referenciales y estereotipos que cambian según el momento histórico y los intereses de los grupos de poder, como la Historia nos viene demostrando. Sin embargo, los estereotipos “naturalizan” la idea de la homogeneidad haciéndonos creer que todas las personas que pertenecen a determinado grupo social son idénticas entre sí. Pero la realidad nos muestra que cada persona parte de unas condiciones familiares, educativas, económicas, experienciales, relacionales, etc. distintas; que su ciclo vital se realiza en determinadas circunstancias que nunca comparte al cien por cien con sus pares, y que incluso los usos, costumbres y valores, de los que es portadora, son percibidos y asimilados desde perspectivas y modos singulares pues están atravesados por experiencias subjetivas en las que intervienen distintos factores que marcan la diferencia, entre los que se encuentran:

– Los roles de género.
– Los roles sexuales.
– Las relaciones de parentesco.
– La situación económica y social de la familia de origen (no es lo mismo, por ejemplo, proceder de una familia económicamente solvente que de una empobrecida).
– Los niveles de formación y educación reglada (en los distintos grupos sociales y culturales que conforman la población inmigrante encontra- mos desde personas con estudios superiores hasta personas analfabetas).
– La corporalidad, morfológica y biológica, que también condiciona las relaciones que establece cada persona consigo misma y con su entorno de relaciones y ambiental.
– La ideología política.
– El nivel de interiorización de las creencias religiosas.
– Las características psíquicas (personalidad).

Estas diferencias señalan que ni hay un perfil de inmigrante ni se “es” inmigrante, sino que se “está” en una situación de migración. Por otra parte, en esta “situación de migración” coexisten personas que se encuentran laboral, social y económicamente integradas y con buen nivel de vida y personas con graves carencias de toda índole; personas con una buena red de apoyo social y familiar y personas aisladas; personas que han podido acceder a una educación superior y personas que tan siquiera tiene una formación básica; personas cono sin discapacidad; personas jóvenes y mayores; personas con referentes culturales y creencias muy diversas; personas con diferentes valores y estilo de vida; personas heterosexuales y homosexuales, bisexuales y transexuales; personas, en definitiva, distintas entre sí, diversas.

Diversidad

Sin embargo, aun afirmando que no hay un perfil de persona inmigrante sino muchas personas inmigrantes, y teniendo en cuenta la diversidad y las diferencias subjetivas, trabajar con población inmigrante exige conocer los rasgos y características culturales que propician la sensación de pertenencia a un grupo social determinado en los individuos que lo conforman, pues, aun siendo conscientes de que vamos a generalizar, nos van a aportar claves significativas para identificar determinados aspectos prioritarios sobre los que debemos incidir, así como los elementos que  hacen  obstáculo en su relación con los usos, modos, costumbres y leyes del país de acogida, con los de otros grupos y, lo que en este contexto nos interesa, con el desarrollo de su propia salud, de su sexualidad y la de las personas con quienes se relaciona.

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