Maternidades libres

“Toda mujer tiene que ser madre, la maternidad es su razón de ser”, así dice el mandato patriarcal de la maternidad que constituye probablemente, por no decir seguro, el mandato central en las vidas de todas las mujeres. Se sostiene sobre la falsa idea del instinto maternal, como algo natural, inherente a la naturaleza de todas las mujeres y se va construyendo sin darnos cuenta, desde antes de nuestro nacimiento y a través de nuestras propias relaciones familiares, comunitarias y sociales. Y cuando las mujeres lo cuestionan y se niegan a cumplirlo o quieren decidir sobre cómo, cuándo y cuánto hacerlo, son consideradas locas, “desnaturalizadas”, “malas mujeres” e incluso delincuentes, siendo censuradas y castigadas familiar y socialmente e incluso legalmente en muchos países del mundo.

Tenemos que tener claro que el instinto maternal no existe, es un constructo cultural y social creado con el fin de ejercer control sobre las mujeres, sobre sus vidas y sus cuerpos generando la falsa idea de que la maternidad es algo natural y deseado para todas.

A pesar de esto, el mandato patriarcal de la maternidad está presente en todas las culturas del mundo y no ha habido corriente filosófica, religiosa o espiritual que lo haya cuestionado o repensado excepto el Feminismo. Forma parte de los mandatos patriarcales sobre las sexualidades de las mujeres y es clave para entender  las desigualdades de género y el ansia de control sobre el cuerpo y las vidas de las mujeres.

En todas las culturas y sociedades las mujeres son percibidas como madres o potencialmente madres y parece que no pueden desarrollar una identidad al margen de esa capacidad. Esto tiene graves consecuencias para el desarrollo y la salud de las mujeres, que empeora en países empobrecidos con mayores carencias socio-sanitarias, leyes más restrictivas y con mayor índice de violencia hacia las mujeres.

Las  mujeres no son respetadas, ni consideradas garantes de derechos o parte de la comunidad hasta que no son madres. Se les considera valiosas en la medida en que tienen hijos e hijas, muchas veces, cuantos más mejor, y pueden ser “desechadas” en el caso de no cumplir con su función reproductora.  No solo se ignora el deseo o no de ser madre, sino que también se obliga a  muchas mujeres a serlo, impidiéndoles el acceso a métodos anticonceptivos, a la educación sexual y a una atención socio-sanitaria que garantice el cumplimiento de los derechos sexuales y reproductivos.

En base al mandato de la maternidad se articulan y sostienen violencias como las pruebas de virginidad, los matrimonios forzados, la dote, la mutilación genital femenina, el control del acceso a métodos anticonceptivos, la gestación subrogada, los embarazos adolescentes, las dificultades de acceso al mercado laboral,  a la educación y a una atención sanitaria que respete los derechos sexuales y reproductivos.  

Coaccionar e impedir que las mujeres puedan decidir libremente sobre la maternidad atenta directamente contra la salud física y mental e impide el desarrollo de una vida saludable para las mujeres y sus comunidades. Los embarazos en niñas y adolescentes, la mortalidad materno-infantil, la falta de control en la toma de decisiones, son solo algunas de las consecuencias para la salud de las mujeres.

El mandato patriarcal de la maternidad origina mucho dolor, sufrimiento y malestares físicos y psicológicos que, en muchas ocasiones, están invisibilizados bajo la falsa idea del deseo e instinto maternal, la presión y la culpa por tener que cumplir con las “peculiaridades” del mandato sobre la maternidad.

Es necesario ofrecer espacios y oportunidades para el cuestionamiento, la reflexión y la transformación, favoreciendo vivencias personales y libres de las maternidades. Cada mujer debe poder elegir y  vivir “su manera” de ser madre o no serlo. Es necesaria la transformación social desde la educación sexual con enfoque de derechos humanos y feminista que garantice el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos y que favorezca una vivencia satisfactoria, libre de culpas, contradicciones y sobrecargas.

Es necesario favorecer modelos relacionales que favorezcan la corresponsabilidad,  recursos socio sanitarios que contemplen las necesidades de todas las madres en su diversidad y el reconocimiento, respeto y apoyo social al ejercicio de la maternidad, garantizando el bienestar físico y mental de las madres.

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