El bienestar emocional de niños, niñas y adolescentes está estrechamente relacionado con la calidad de los vínculos afectivos, la estabilidad de sus entornos de cuidado y el acompañamiento que reciben de las personas responsables de su crianza. Ante situaciones de cambio, como la migración, la separación geográfica de familiares o personas cuidadoras, o las modificaciones en las dinámicas familiares, es importante implementar estrategias que refuercen su seguridad emocional, fortalezcan las relaciones familiares y favorezcan su desarrollo integral.
La comunicación constante, la expresión de afecto, la participación en la vida cotidiana y la colaboración entre las personas responsables de la crianza contribuyen a que niños, niñas y adolescentes se sientan acompañados, escuchados y apoyados, incluso cuando algunos miembros de la familia se encuentran a distancia.
A continuación, se presentan algunas recomendaciones orientadas a brindar contención, fortalecer la comunicación y responder de manera adecuada a las necesidades emocionales de los niños, niñas y adolescentes:
- Validar sus emociones sin juzgarlas.
- Escuchar activamente sus preocupaciones y necesidades.
- Mantener rutinas estables y límites claros.
- Promover su participación en actividades recreativas, deportivas, artísticas o culturales que sean de su interés y agrado.
- Favorecer el contacto frecuente y significativo con sus referentes familiares.
- Evitar que las personas que se encuentran a distancia asuman principalmente el papel de sancionar o corregir conductas. Cuando las pocas interacciones disponibles se centran en regaños, conflictos o llamados de atención, el vínculo afectivo puede debilitarse. Las conductas requieren respuestas oportunas y consistentes por parte de quienes acompañan la vida cotidiana, mientras que los espacios de comunicación a distancia también deben favorecer la cercanía, el afecto y el interés por sus experiencias.
- Respetar sus tiempos y disposición para la comunicación. Es recomendable no obligar a niños, niñas y adolescentes a comunicarse con familiares que se encuentran lejos cuando no se sientan preparados para hacerlo. En estos casos, resulta más beneficioso ofrecer alternativas y acordar otro momento que les resulte más cómodo.
- Mantener expectativas realistas y cumplir los compromisos asumidos. Evitar hacer promesas que no puedan garantizarse, especialmente en relación con visitas, llamadas, regalos o planes futuros. La honestidad y la transparencia fortalecen la confianza y ayudan a prevenir sentimientos de frustración, incertidumbre o decepción.
- Decir siempre la verdad, utilizando un lenguaje adecuado a su edad y nivel de comprensión, aunque la situación sea difícil de explicar.
- Evitar responder de inmediato preguntas para las que no se tiene una respuesta; es válido tomarse el tiempo necesario para ofrecer una respuesta adecuada.
- Evitar compensar la ausencia con refuerzos materiales, ya que estos pierden valor rápidamente; el tiempo de calidad y la presencia afectiva suelen ser más significativos para los niños, niñas y adolescentes.
- Buscar ayuda profesional o familiar, cuando surjan conflictos, dificultades de adaptación o malestar emocional persistente.
