La crianza compartida se refiere a la participación coordinada de una o varias personas responsables del cuidado y la educación de niños, niñas y adolescentes. Estas responsabilidades pueden ser asumidas por madres, padres, abuelos, abuelas, otros familiares, personas tutoras o cualquier persona que desempeñe un papel significativo en el bienestar y desarrollo de los menores.
En contextos de migración o separación geográfica, la distancia no elimina las responsabilidades de cuidado. Por el contrario, requiere una mayor planificación, comunicación y coordinación entre las personas involucradas. Mantener vínculos afectivos sólidos, compartir información relevante sobre la vida cotidiana de los niños, niñas y adolescentes, tomar decisiones de manera conjunta cuando sea posible y distribuir las responsabilidades de forma clara son aspectos fundamentales para favorecer su bienestar.
La crianza compartida a través de las fronteras implica acordar roles, expectativas y formas de comunicación que permitan responder a las necesidades emocionales, educativas y sociales de niños, niñas y adolescentes. Cuando existe una organización clara y una colaboración respetuosa entre las personas cuidadoras, es posible fortalecer los vínculos familiares y ofrecer estabilidad, seguridad y continuidad en el cuidado, independientemente del país en el que se encuentre cada miembro de la familia.
