UNAF reflexiona sobre familias reconstituidas y migrantes en las VII Jornadas de Atención Socio-Sanitaria Infanto Juvenil

El 11 de mayo la Unión de Asociaciones Familiares participó en las VII Jornadas de Atención Socio-Sanitaria Infanto Juvenil, organizadas por el Ayuntamiento de Madrid para dar a conocer su experiencia en el Servicio de Atención a Familias Reconstituidas, y cómo este modelo familiar se cruza en muchas ocasiones con otra realidad como la reagrupación de familias migrantes.

Gregorio Gullón, Responsable del Servicio de Familias Reconstituidas de UNAF, explicó cómo, tras años de separación, el reencuentro entre progenitores e hijas/os es más un encuentro entre extraños que otra cosa.

Una de las dificultades dentro de la reagrupación familiar es que cuando el o la menor llega al nuevo país de destino, su padre o madre han rehecho su vida con una nueva pareja, e incluso hay nuevos hijos o hijas, nuevos hermanastros/as o medio-hermanos/as, con lo que a las dificultades propias de la reagrupación se suma la complejidad de la reconstitución familiar, la aparición de nuevas figuras adultas significativas para el/la menor y con las que tendrá que empezar a convivir sin apenas conocerles.

La pérdida ambigua

Algo que tienen en común las familias reconstituidas y las familias migrantes es que son familias que nacen de la pérdida. Las familias reconstituidas nacen en su inmensa mayoría de un divorcio. Y en muchas ocasiones la migración es una manera de “divorciarse”, sin divorciarse.

El divorcio, como la migración, es una pérdida ambigua, poco reconocida como tal. Si bien nadie duda que la muerte es una pérdida, en el caso de la migración o el divorcio hay más confusión. Y la ambigüedad y la confusión congelan el proceso de duelo.

Gregorio Gullón explicó que existen dos tipos básicos de pérdida ambigua: En el primer tipo, la familia percibe a uno de los miembros ausente físicamente pero presente psicológicamente. Ocurre, por ejemplo, en casos de divorcio, pero también en familias migrantes, y como no, en familias que han dado a un/a hijo/a en adopción o en familias con algún miembro desaparecido. En el segundo tipo, la familia percibe a uno de los miembros presente físicamente, pero ausente psicológicamente. El ejemplo más obvio lo vemos en familias con un miembro enfermo de  Alzheimer. Pero también lo podemos ver en familias migrantes.

En las familias migrantes, por tanto, vemos los dos tipos de pérdida ambigua. Por un lado, las personas que se han dejado atrás (padres/madres, hijos/as, cuidadoras/es sustitutas/os, amigas/os, etc.) ya no están presentes físicamente, pero siguen estando muy presentes en las personas que tuvieron que emigrar. Y por otro lado, las dificultades de adaptación al nuevo país y la nostalgia, pueden dejar a algunos de los miembros de la familia ausentes psicológicamente. Puede ser la abuela que vino con los nietos a reagruparse con los progenitores, y aquí deja de ser la cuidadora principal, o el padre depresivo que no se ha adaptado al nuevo país. En ese caso, no están disponibles, desde el punto de vista emocional para sus hijos e hijas. En este tipo de pérdida, el ser querido está presente, pero su mente no.

Lo constatamos en nuestros servicios de atención en ese padre o en esa madre que está aquí, pero su cabeza está en el país de origen, con lo cual sus hijos e hijas quedan huérfanos. Esto ocurre cuando cambian los roles y las estructuras de poder en la familia, y aquí en España es la mujer quien mantiene el hogar, mientras el marido no puede encontrar trabajo y cae en la nostalgia, la tristeza y la desadaptación.

Es importante que las y los profesionales pongamos nombre a la pérdida que están experimentando estas familias. Cuanto mayor es la ambigüedad que rodea una pérdida, más difícil resulta dominarla y mayores son la depresión, la ansiedad y el conflicto familiar.

Se trata de que las familias resuelvan la pérdida ambigua que es inherente a la migración y el divorcio, y logren una coherencia entre la familia psicológica y la física. La herencia de un duelo congelado puede afectar a las generaciones siguientes y agravarse cada vez que ocurran, de forma inevitable, más pérdidas corrientes.

Por último,  que existe una falta de validación social a este tipo de pérdidasasí como de rituales que ayuden a reconocerla y elaborarla si bien es cierto que comienzan a darse algunos, como las “despedidas de casados”, o celebraciones de despedida antes de partir al nuevo país, que ayudan a conceptualizar estos hechos como una pérdida y validarla socialmente.

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