Coincidiendo con las vacaciones de verano, la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF) alerta de que esta época del año puede incrementar la vulnerabilidad de niños, niñas y adolescentes frente a los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), especialmente en un contexto en el que estos problemas de salud mental aparecen cada vez a edades más tempranas.
En España se estima que alrededor de 400.000 personas conviven con un trastorno de la conducta alimentaria, de los que 300.000 son chicos y chicas de entre 12 y 24 años, según la Fundación FITA y la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (AEETCA). La adolescencia es el periodo de mayor incidencia y la edad de inicio se está adelantando, con un incremento de casos en menores de 12 años y diagnósticos incluso a partir de los 8-9 años, tal como señalan la Asociación Española de Pediatría y otros organismos especializados.
«La adolescencia y la juventud son etapas en las que la construcción de la identidad, la imagen corporal y la aceptación social adquieren una gran importancia. En verano confluyen circunstancias que pueden aumentar el malestar relacionado con la apariencia física y favorecer la aparición o el agravamiento de conductas de riesgo como los trastornos de conducta alimentaria», señalan desde UNAF.

Durante las vacaciones suele incrementarse el tiempo de exposición a redes sociales, donde proliferan contenidos centrados en cánones estéticos difíciles de alcanzar, dietas, ejercicio físico o cuerpos idealizados. A ello se suma una mayor presencia de fotografías, publicaciones y situaciones sociales en las que la apariencia física cobra un protagonismo especial, favoreciendo la comparación constante con otras personas.
Además, el verano implica la interrupción de rutinas y espacios cotidianos que durante el curso actúan como factores de protección, como la escuela, las actividades extraescolares o el contacto diario con personas adultas de referencia que pueden detectar cambios en el bienestar emocional.
Señales para la detección
UNAF recuerda que el sufrimiento relacionado con la imagen corporal no siempre se manifiesta de forma explícita. En muchas ocasiones comienza con pequeños cambios que pueden pasar desapercibidos si no se observan con atención.
Entre las señales de alerta destacan evitar actividades sociales relacionadas con el baño o la piscina, mostrarse excesivamente pendiente del aspecto físico, realizar comentarios frecuentes y negativos sobre el propio cuerpo, restringir determinados alimentos sin una causa médica, aislarse progresivamente o experimentar cambios bruscos en el estado de ánimo.
«Es importante que las familias comprendan que detrás de estas conductas puede existir un importante malestar emocional. Escuchar sin juzgar, favorecer una comunicación abierta y evitar comentarios sobre el peso, el cuerpo o la alimentación son herramientas fundamentales para prevenir que ese sufrimiento se agrave», subraya la entidad.

La prevención empieza en casa, pero necesita apoyo social
UNAF recuerda que la prevención de los trastornos de la conducta alimentaria no puede recaer exclusivamente sobre las familias. Es necesario impulsar políticas públicas que promuevan el bienestar emocional de la infancia y la adolescencia, fomenten una alfabetización digital crítica frente a los mensajes sobre la imagen corporal y garanticen recursos especializados de atención temprana y apoyo psicológico.
Asimismo, la entidad reclama campañas de sensibilización que promuevan una imagen corporal diversa y saludable y contribuyan a reducir la presión estética que soportan niños, niñas y adolescentes, especialmente a través de los entornos digitales.
«Las familias desempeñan un papel esencial, pero necesitan acompañamiento, información y recursos. La prevención pasa por construir entornos seguros donde niños, niñas y adolescentes puedan desarrollar una relación saludable con su cuerpo, su alimentación y su autoestima, libres de presiones estéticas y estereotipos que comprometan su bienestar», concluye UNAF.
Precisamente para contribuir a la prevención de los trastornos de la conducta alimentaria, UNAF desarrolla el programa “Cuerpos que importan”, dirigido a niños, niñas y adolescentes especialmente de 8 a 16 años, así como a sus familias.
La iniciativa, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, promueve una relación saludable con el cuerpo, la alimentación y la autoestima mediante talleres participativos y recursos educativos que fomentan el pensamiento crítico frente a los cánones estéticos, la influencia de las redes sociales y los mensajes que asocian el valor personal con la apariencia física. El programa también proporciona herramientas a madres, padres y personas cuidadoras para detectar señales de alerta y acompañar a sus hijos e hijas desde la escucha, el apoyo emocional y la comunicación positiva.
