Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son trastornos que están creciendo de forma alarmante desde la pandemia del COVID-19. Suponen un grave problema de salud en la población, sobre todo en la más joven (niños/as y adolescentes), siendo el trastorno mental con mayor tasa mortalidad a esas edades.
Se trata de un trastorno mental que afecta tanto a la salud física como psicológica y que tiene su origen en múltiples causas. Por ello, tanto la solución de esta enfermedad como su prevención, se tiene que trabajar a varios niveles: individual, familiar y social.
Existen, sin embargo, una serie de factores de protección que pueden ayudarnos a las familias a prevenir el desarrollo de TCA.
Factores de protección frente a los TCA
A continuación, detallamos algunos factores que puedes fomentar en tu familia:
- Inteligencia emocional:
Enseña a tus hijos/as a reconocer y nombrar sus emociones para que puedan comunicarlas, y ofréceles pautas para gestionarlas y adaptarse a su entorno sin recurrir a la comida. Para ello, puedes ayudarles a que escriban un diario de las emociones que han sentido, poner en práctica meditaciones o respiraciones para que detecten qué sensaciones tienen o leer cuentos sobre emociones o ver películas/series donde podáis analizar conjuntamente qué ha sentido la persona y cómo lo ha gestionado.
- Autoestima:
Fomenta una autoestima que se base en la variedad y no en un único talento o aspecto de tu hijo o hija. Cuantas más áreas tenga por explorar y desarrollar, menos dependerá de una sola, por lo que su autoestima será más sana. Por ejemplo, anímale a probar distintas actividades, hobbies, y no solo le refuerces porque algo se le dé bien. Reconoce también su esfuerzo y sus cualidades como persona y no te centres exclusivamente en su éxito o resultado.
- Relación con el cuerpo:
No limites el valor del cuerpo al plano estético y dale importancia a todo lo que nos permite hacer. Por ejemplo, fomenta la idea de que esas piernas te permiten saltar, esos brazos te permiten abrazar, ese abdomen guarda tus órganos que te permiten vivir, ir a la playa, reírte con los/las amigas, ir al parque de atracciones, jugar al baloncesto…
- Hábitos saludables:
Incorpora y mantén hábitos saludables como forma de enseñar el autocuidado y el amor por uno/a mismo/a. Podéis realizar una actividad física en familia –como, por ejemplo, dar un paseo-, que cada familiar elija una nueva actividad para hacer cada semana, mantener unos horarios adecuados de sueño, promover un ocio que no tenga que ver con pantallas, potenciar que socialice con sus amigos/as, diseñar menús familiares juntos/as, etc.
- Resolución de conflictos:
En las relaciones sociales, los problemas son comunes y no abordarlos puede ser un factor de riesgo para desarrollar problemas con la alimentación. Hay que dar el mensaje de que los conflictos son normales en las relaciones y no debemos tenerles miedo.
Será de gran ayuda que, como personas adultas, sirváis de ejemplo en una comunicación respetuosa, expresándoos desde el ‘yo’ y compartiendo lo que sentís o percibís. El objetivo es buscar acuerdos que resulten satisfactorios para ambas partes. Una buena forma de entrenarlo es comenzar a hacerlo por escrito, ya que esto da tiempo a los y las menores a calmar sus emociones y expresarse sin herir a la otra persona.
- Pensamiento crítico:
En las redes sociales y otros medios de comunicación, los mensajes sobre el cuerpo, los ideales de belleza, las dietas y el ejercicio físico son constantes. Esta información impacta directamente en la salud mental de las personas más jóvenes, ya que en estos espacios abunda la desinformación y los mitos que pueden cambiar su idea de lo que es una alimentación saludable y qué cuerpos son considerados aceptables o sanos. Por eso, entrenar el pensamiento crítico es una de las herramientas más valiosas de prevención que podemos fomentar en el hogar. Anímales a contrastar fuentes, reflexionad juntos sobre cómo afectan estos mensajes a su bienestar emocional y promueve que vean cosas más allá del ideal estético. Muestra interés por lo que ven y proponles alternativas cuando encuentren mensajes dañinos o que contradigan una visión saludable del cuerpo.
- Modelo de salud positivo:
Los progenitores y otras figuras parentales somos referentes fundamentales para hijos e hijas, y podemos ser su principal modelo en cuanto a salud y bienestar. Cuanto más incorporemos y mantengamos hábitos saludables en nuestra vida cotidiana, mayores serán las posibilidades de que ellos y ellas también los adopten.
A modo de conclusión, trabajar en estos factores de protección ayudará a nuestros hijos e hijas a sentar las bases de una salud mental que les sirva para prevenir conductas de riesgo de distintos trastornos (en especial los TCA), así como a poder comunicar a tiempo cuando tengan un problema, evitando que estos empeoren y requieran de una solución más compleja.

