Las familias muchas veces nos encontramos en situaciones donde queremos cuidar, evitar dolor y ser respetuosas con nuestros hijos e hijas, pero sentimos que no podemos hacerlo y que los problemas nos inundan. Uno de los factores de que esto ocurra es que cada vez sentimos más presión por hacerlo bien como referentes y no cometer errores.
¿Pero cómo llevar a cabo una educación sana para mis hijos e hijas si como familiares también tenemos situaciones complicadas y cambios en el humor? Las personas adultas también tenemos una vida con sus propias dificultades y muchas veces no tenemos tiempo para poder atender nuestros problemas, dejándolos de lado, porque no los consideramos tan importantes como los de las demás personas, especialmente nuestros hijos e hijas.
Y justamente ahí está la trampa. La realidad es que para cuidar bien tenemos que encontrarnos bien, tanto a nivel físico como mental. Por ello, podemos entrenar estas 9 pautas para sentirnos mejor y así poder ser más eficaces en ayudar a nuestros hijos e hijas:
- Limita el tiempo que pasas leyendo acerca de educación, riesgos y salud mental de los hijos/as. Está bien que nos informemos, pero hay momentos en los que es mejor no leer tanto y descansar o desconectar del problema o situación.
- Maneja tus miedos: las personas adultas vivimos el día a día con muchas preocupaciones de lo que puede llegar a ocurrir a nuestra familia. Es esencial entender como familiares que no podemos evitar el sufrimiento a nuestros hijos e hijas; sin embargo, sí podemos acompañarlos y darles las máximas herramientas posibles.
- Intenta trabajar tus emociones. Las personas estamos constantemente sintiendo y muchas veces ya asumimos que tenemos que vivir con estrés. Párate a pensar qué estás sintiendo antes de seguir con el día y date un momento para expresar lo que estás sintiendo con alguien de confianza o a solas en tu habitación. Además, puedes servir de ejemplo para tu familia y ayudarles a que manejen sus emociones.
- Pon límites y sé una persona asertiva. Las figuras adultas necesitamos descansar y desconectar de nuestras tareas de cuidar a las demás personas. Pide tu espacio cuando sea posible y explica cómo te sientes y qué necesitas. Es importante que tus hijos e hijas aprendan que el cuidado ha de ser mutuo.
- Trabaja la culpa. La culpa es una emoción que sienten la mayoría de los progenitores ya que piensan que no son suficientemente buenos o que podrían hacer más y mejor para cuidar de sus hijos/as. Intenta entender que la culpa significa que quieres hacerlo lo mejor posible, pero que no vas a ser una persona perfecta. Puedes y debes cometer errores para aprender y para que tu familia se adapte al mundo real donde no todo es fácil.
- Practica la autoridad, no el autoritarismo. Debes ser una figura de autoridad para tus hijos e hijas ya que necesitan tu guía para poder avanzar en la vida. No obstante, a veces nos convertimos en figuras muy rígidas y no queremos que nada salga mal. Que no salgan las cosas bien, no significa que como padres o madres no seamos capaces. Las situaciones a veces son complejas y es mejor confiar en que algún día, saldrán las cosas que estamos entrenando hoy.
- Sé consciente de tu pasado como hijo o hija. Ten en cuenta que tu hijo o hija es diferente a ti y que, por tanto, necesitará cosas distintas a las que tú necesitaste en tu infancia y adolescencia. Recuerda que tu hijo/a no es tú y que va a necesitar cosas distintas a las que tú necesitaste en el pasado. Intenta rescatar aquellas cosas que fueron positivas en tu crianza y añade nuevas formas de educar que consideres pueden ser enriquecedoras en esta nueva generación.
- Delega algunos cuidados. Existen tareas de cuidado de los niños y niñas que los pueden ejercer otras personas que están en la red de tu vida: profesorado, otros familiares, amistades, profesionales de la salud mental y física… El ser humano necesita de una red para sobrevivir y entre todos/as contribuimos al cuidado de las nuevas generaciones.
- Ten tiempo libre y de ocio. Reserva momentos de ocio para ti donde puedas desconectar y tener un ocio de calidad con actividad física, hobbies, amistades… Tendrás más energía para volver a afrontar las dificultades del día a día y serás más eficaz.
A modo de conclusión, cuidarte no significa descuidar a tus hijos e hijas, sino garantizar que estás en condiciones de ofrecerles lo mejor. Así mismo, debemos servir de ejemplo de autocuidado para que niños, niñas y adolescentes también sepan cuidarse y priorizarse en el futuro.

