“No existe jerarquía de opresiones.” — Audre Lorde
Cuando Audre Lorde escribió estas palabras, no estaba formulando una consigna retórica, estaba describiendo una realidad política. Mujer negra, lesbiana, poeta y activista, Lorde entendió que las discriminaciones no se suman de forma lineal, sino que se entrelazan y producen experiencias específicas de desigualdad. Esa mirada es el corazón del feminismo interseccional.
Cada 8 de marzo llenamos las calles para reivindicar derechos, denunciar violencias y celebrar avances. Pero el 8M también es una pregunta incómoda: ¿para quién es el feminismo que estamos construyendo? Si la respuesta no nos incluye a todas, entonces no estamos hablando de igualdad real.
¿Qué es el feminismo interseccional y por qué es clave en el 8M?
El concepto de interseccionalidad fue formulado por la jurista afroestadounidense Kimberlé Crenshaw para explicar cómo las discriminaciones no actúan de forma aislada. Racismo, sexismo, clasismo o xenofobia no se suman: se entrecruzan y generan experiencias específicas de desigualdad.
Antes y después de Crenshaw, pensadoras como Angela Davis, Bell Hooks o la propia Audre Lorde denunciaron que un feminismo centrado únicamente en la experiencia de mujeres blancas y de clase media dejaba fuera a millones de mujeres. El feminismo interseccional surge, precisamente, para corregir esa exclusión estructural.
En el 8M, esta perspectiva es más necesaria que nunca. Porque no todas vivimos el machismo en las mismas condiciones. No todas partimos del mismo lugar. Y no todas tenemos el mismo acceso a derechos.
Feminismo interseccional en el contexto español
España es una sociedad diversa atravesada por desigualdades profundas. Las mujeres migrantes sostienen sectores clave como el empleo doméstico y de cuidados en condiciones de alta precariedad. Muchas enfrentan barreras lingüísticas, racismo estructural y un marco jurídico (como la Ley de Extranjería) que condiciona su acceso a derechos básicos.
¿Cómo se vive la violencia de género cuando dependes económicamente de tu agresor y temes que una denuncia afecte a tu situación administrativa? ¿Qué ocurre cuando no comprendes la información sanitaria sobre anticoncepción o interrupción voluntaria del embarazo? ¿Qué significa hablar de libertad sexual sin garantizar acceso real y culturalmente adecuado a la información?
Estas preguntas nos muestran por qué el feminismo en España necesita una mirada interseccional: porque las desigualdades de género no pueden analizarse al margen del origen, la clase social, la situación administrativa o la pertenencia étnico-cultural.
¿Cómo identificamos la necesidad de un feminismo interseccional?
La necesidad no nace de la teoría, sino de la práctica cotidiana.
La identificamos cuando detectamos que muchas mujeres no acceden a recursos de salud sexual y reproductiva porque la información no está adaptada lingüística ni culturalmente. La vemos cuando profesionales no cuentan con herramientas para abordar situaciones complejas atravesadas por racismo y violencia institucional.La constatamos cuando las políticas públicas son universales en el discurso, pero no en el impacto.
El feminismo interseccional nos obliga a mirar quién queda fuera del diseño de las intervenciones. Nos exige datos desagregados, formación especializada y políticas públicas que reconozcan la diversidad real de las mujeres en España.
La respuesta desde UNAF: mediación intercultural, salud sexual y abordaje de las violencias
En UNAF trabajamos desde esta convicción: no hay igualdad si no es para todas.
La mediación intercultural especializada permite reducir barreras en el acceso a la salud sexual y reproductiva, acompañar procesos complejos y generar confianza entre instituciones y comunidades. No es un recurso accesorio, es una estrategia de derechos humanos.
En el ámbito de las violencias de género, la mirada interseccional nos lleva a reconocer factores añadidos de vulnerabilidad: aislamiento social, miedo a la deportación, falta de redes de apoyo, desconocimiento del sistema de protección. Integrar esta perspectiva significa diseñar protocolos sensibles a estas realidades y formar a profesionales en clave intercultural.
También implica abordar prácticas como la mutilación genital femenina o los matrimonios forzados desde el diálogo, el liderazgo comunitario y el respeto a la agencia de las propias mujeres, evitando narrativas paternalistas o estigmatizadoras.
Un 8M para ampliar el “nosotras”
Este 8M es una oportunidad para ampliar el sujeto político del feminismo. Para recordar que la igualdad no puede construirse sobre silencios selectivos. Para entender que cuando una mujer migrante ve limitado su acceso a la salud, cuando una mujer racializada enfrenta discriminación institucional o cuando una superviviente de violencia no encuentra protección adecuada, el problema no es individual: es estructural.
El feminismo interseccional no fragmenta la lucha, la fortalece. Nos permite comprender mejor las desigualdades y actuar con mayor eficacia. Nos exige coherencia entre discurso y práctica.
Como nos recordó Audre Lorde, “No existe una lucha de un solo tema, porque no vivimos vidas de un solo tema.”

