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Coparentalidad positiva: claves para colaborar tras la ruptura de pareja

2–4 minutos

Cuando una pareja se separa, la relación cambia, pero hay un vínculo que permanece: el compromiso compartido como madres y padres. Aunque ya no se comparta la vida en pareja, sí se sigue compartiendo lo más importante: el cuidado y bienestar de los hijos e hijas.

La coparentalidad positiva consiste en aprender a colaborar desde el respeto mutuo, situando el bienestar de los hijos e hijas, por encima de las diferencias personales. No siempre es fácil, pero es posible.

¿Qué significa realmente ejercer la coparentalidad?

La coparentalidad no implica llevarse bien en todo ni ser amigos. Significa:

  • Tomar decisiones pensando en los hijos e hijas
  • Respetar el papel del otro progenitor
  • Mantener una comunicación suficiente y funcional

 En resumen: seguir funcionando como un equipo parental, aunque la relación de pareja haya finalizado.

Claves para una coparentalidad positiva

1. Separar el conflicto de pareja del rol como progenitores

Tras una ruptura es habitual experimentar emociones complejas como tristeza, enfado, frustración. Pero es importante no mezclar esos sentimientos con la crianza. Una idea clave: «Como pareja no hemos funcionado, pero como progenitores seguimos siendo importantes.»

2. Cuidar la comunicación (aunque sea mínima)

No es necesario mantener una comunicación constante, pero sí clara, respetuosa y centrada en las necesidades de los hijos e hijas. Es importante evitar reproches o ataques, ir al grano en temas importantes y centrarse en lo práctico. A veces, menos es más: mensajes sencillos ayudan a evitar conflictos.

3. Mantener acuerdos coherentes

Los niños, niñas y adolescentes necesitan estabilidad emocional y organizativa. Además, es conveniente mantener cierta coherencia en normas básicas, rutinas y horarios. No se trata de hacerlo todo igual, sino de evitar grandes contradicciones que puedan confundirles.

4. No poner a los hijos e hijas en medio

Los hijos e hijas no deben asumir el papel de mensajeros, mediadores o confidentes. Evitar usar frases como “Dile a tu padre…” o “Tu madre siempre hace lo mismo…”. Hablar directamente entre personas adultas siempre que sea posible. Esto les protege de sentir que tienen que posicionarse.

5. Validar las emociones de los hijos e hijas

La separación supone también un proceso de adaptación para ellos. Pueden sentir tristeza, enfado, miedo o inseguridad. Escuchar sin juzgar y acompañar es más importante que tener todas las respuestas.

6. Respetar el tiempo y el espacio del otro progenitor

Cuando los hijos e hijas están con el otro progenitor, también necesitan sentirse tranquilos y libres. Debemos evitar interrumpir constantemente, controlar en exceso o cuestionar lo que hacen. La confianza y el respeto mutuo también forma parte de una coparentalidad saludable.

7. Ser flexibles cuando sea necesario

Las circunstancias familiares evolucionan y, en ocasiones, los acuerdos necesitan revisarse y adaptarse. Pequeños gestos de flexibilidad pueden evitar muchos conflictos.

¿Y si es muy difícil?

Hay situaciones en las que comunicarse resulta complicado o doloroso. En estas situaciones, la mediación familiar puede ser un recurso útil para mejorar la comunicación, establecer acuerdos claros, reducir tensiones y poner el foco en los hijos e hijas. No se trata de obligar a entenderse, sino de encontrar formas más sanas de relacionarse como progenitores.

Un mensaje final

La coparentalidad positiva no implica perfección. Habrá momentos difíciles, desacuerdos y errores. Lo importante es no perder de vista lo esencial: los hijos e hijas necesitan sentirse queridos, seguros y al margen del conflicto. Cuando las personas adultas logran colaborar, aunque sea poco a poco, les están dando algo muy valioso: un entorno emocional más tranquilo en medio del cambio.

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Manahem Moya

En la resolución alternativa de conflictos, sobre todo en el ámbito familiar, tengo una experiencia de más de 32 años. Trabajo desde el año 1990 como mediador familiar y psicólogo, en la atención a familias en el Servicio de Mediación Familiar que tiene la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF) Además, en el ámbito de la formación me dedico a impartir cursos de Formación en Mediación Familiar y, participo en Talleres, Jornadas, etc.

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