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Estoy separado y tengo una hija, ¿debemos ir mi ex y yo a terapia?

3–5 minutos

En una pareja separada ir a terapia no es una obligación ni una necesidad automática, pero en muchos casos puede ser una muy buena idea. Depende mucho de cómo esté ahora la relación entre vosotros y de qué esté necesitando vuestro hijo o hija. No se trata tanto de “arreglar la pareja” (si ya estáis separados), sino de algo distinto: aprender a funcionar como equipo parental.

Ir a terapia juntos suele ser útil cuando:

  • Hay conflictos frecuentes o tensión al comunicarse
  • No estáis de acuerdo en normas, límites o decisiones sobre vuestro hijo o hija.
  • El niño o niña está mostrando cambios (conducta, emociones, colegio…)
  • Queréis evitar que los problemas de pareja contaminen la crianza

En ese contexto, un enfoque como la terapia de coparentalidad puede ayudar mucho. No va de volver a estar juntos, sino de coordinaros mejor como progenitores.

Ahora bien, no siempre es necesario. Si os comunicáis con respeto, podéis tomar decisiones sin grandes conflictos y el niño o la niña están bien adaptados, entonces bastaría con mantener buena comunicación o incluso trabajar cada uno por su lado.

Un punto clave es que el beneficio principal es para vuestro hijo o hija, no para la relación entre vosotros.

La terapia de coparentalidad es una intervención psicológica orientada a ayudar a dos personas adultas que comparten la responsabilidad de crianza de uno o más hijos/as, especialmente cuando ya no son pareja o tienen una relación conflictiva. Su objetivo principal es proteger el bienestar emocional de los hijos e hijas y mejorar la forma en que los progenitores toman decisiones y se comunican respecto a la crianza.

¿Qué es exactamente la terapia de coparentalidad?

Es un tipo de terapia centrada en el rol parental, no en la relación de pareja.

La terapia de coparentalidad suele trabajar en:

  • Establecer una comunicación respetuosa y efectiva entre ambos progenitores
  • Reducir las discusiones delante de los hijos e hijas
  • Crear normas educativas coherentes (límites, rutinas, disciplina)
  • Ayudar a separar los conflictos personales del rol parental
  • Favorecer decisiones centradas en las necesidades de los hijos e hijas, no en el conflicto adulto
  • Prevenir el uso de los hijos e hijas como intermediarios o “mensajeros”

¿Cómo se desarrolla?

La terapia de coparentalidad puede variar, pero generalmente incluye:

  • Sesiones conjuntas con ambos progenitores
  • A veces sesiones individuales complementarias
  • Enfoque estructurado y orientado a soluciones

La duración suele ser limitada, centrada en objetivos claros.

Beneficios para los hijos e hijas

Numerosos estudios muestran que los niños y niñas se ven beneficiados cuando sus progenitores reducen el conflicto, reciben mensajes coherentes y no se sienten en medio de disputas adultas. Esto redunda en una menor ansiedad, una mejor adaptación emocional, y una mayor sensación de seguridad.

De ahí que la terapia de coparentalidad aporte beneficios a los hijos e hijas de exparejas donde hay conflictos o falta de acuerdo en la crianza.

¿Cuándo NO es recomendable?

La terapia de coparentalidad puede no ser adecuada o requerir adaptaciones en algunos casos. Por ejemplo, cuando existen episodios de violencia activos, cuando hay riesgo para uno de los progenitores o menores o cuando existen desequilibrios graves de poder.

En estos casos, se priorizan intervenciones de protección y modalidades terapéuticas diferentes.

Adaptación al contexto legal de España

En España, la terapia de coparentalidad tiene una fuerte conexión con el ámbito jurídico-familiar, más que la terapia de pareja.

El Código Civil español (art. 92 y siguientes) prioriza el interés superior del menor en decisiones de custodia y régimen de visitas.

Asimismo, la custodia compartida es cada vez más frecuente, sobre todo cuando los progenitores pueden cooperar y existe una capacidad de cooperación y comunicación entre ellos. La terapia de coparentalidad se utiliza para facilitar esa cooperación.

En España es habitual que la terapia de coparentalidad sea recomendada por jueces, fiscales o equipos psicosociales y se use para elaborar un plan de parentalidad.

Ayuda a reducir litigios repetidos. mejorar el cumplimiento de sentencias, y disminuir denuncias cruzadas por incumplimientos.

No obstante, es importante recalcar que el terapeuta no actúa como perito judicial, salvo que tenga ese encargo específico y diferenciado.

En resumen

La terapia de coparentalidad se sitúa entre el ámbito clínico y el jurídico, y se diferencia claramente de la terapia de pareja y familiar por su carácter práctico, limitado y centrado en los hijos e hijas, no en la relación afectiva.

La terapia de coparentalidad es una herramienta muy eficaz para ayudar a padres y madres a colaborar de forma saludable tras una separación o en situaciones de conflicto, poniendo siempre en el centro el bienestar de los hijos e hijas.

Si quieres saber cómo tener una mejor relación de coparentalidad con el otro progenitor tras un divorcio, infórmate de nuestros talleres gratuitos para familias reconstituidas.

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Gregorio Gullón

Terapeuta Familiar y de Pareja, y Mediador Familiar, con más de 20 años de experiencia en la atención a Familias.  Responsable del Programa de Atención a Familias Reconstituidas de UNAF desde el año 2015, y del Programa de Mediación para Familias con Hijos/as Adolescentes desde el año 2011, con experiencia como ponente en numerosas jornadas y eventos, autor de guías expertas y colaborador experto con varios medios de comunicación.

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