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La “música de tiburón” en casa: progenitores, adolescentes y regulación emocional

3–5 minutos

Seguro que recordáis la icónica escena de la película “Tiburón”: todo parece tranquilo, pero empieza a sonar una música inquietante. Tan-tan… tan-tan…

La tensión sube antes de que pase nada. Todavía no ha sucedido, pero sabes que un peligro se acerca. A esto podemos llamarlo la “música de tiburón” emocional.

En muchas casas con adolescentes, esa «música de tiburón» suena todos los días. No hay un grito todavía. No hay una discusión. Pero algo se activa dentro ante un detonante: una mirada, una respuesta seca, una puerta que se cierra con más fuerza de la necesaria. Y, de repente, entramos en modo alerta.

¿Qué es la música de tiburón emocional?

Es ese aviso interno que nos dice: «Aquí viene el conflicto».

En la adolescencia, suele aparecer como:

  • Cambios bruscos de humor
  • Respuestas defensivas o sarcásticas
  • Necesidad intensa de autonomía mezclada con inseguridad
  • Emociones muy intensas que aún no saben manejar o regular bien.

En las personas adultas, esa misma música suele detonarse como:

  • Irritación rápida
  • Pensamientos automáticos (“Me está faltando al respeto… me está provocando”, “Esto se me va de las manos”, “No podemos seguir así”, “No soy un buen padre” o “No soy una buena madre”)
  • Impulso de controlar, corregir o cortar la situación cuanto antes

El problema no es que suene la música. El problema es lo que hacemos cuando la escuchamos.

Adolescencia: emociones a todo volumen

El cerebro adolescente está en plena remodelación. Las áreas emocionales van muy rápidas; las de control y regulación aún están madurando. Por eso sienten mucho, muy rápido y muy intensamente, pero todavía no tienen todas las herramientas para gestionar lo que les pasa.

Cuando un chico o una chica adolescente explota, muchas veces no está atacando: está desbordado/a. No es que no quieran controlarse, es que todavía están aprendiendo cómo hacerlo.

Y aquí aparece una pregunta clave para las personas adultas: ¿Qué hago yo con mi propia emoción cuando mi hijo o hija pierde la suya?

La regulación empieza por la persona adulta

La regulación emocional empieza en las personas adultas. Decir “tranquilízate” no sirve de mucho si nosotras/os mismos/as estamos alterados. Nuestros hijos e hijas necesitan una padre o madre que les regule, que les ayude a bajar su música de tiburón. Antes de intervenir, conviene preguntarse:

  • ¿Qué estoy sintiendo yo ahora?
  • ¿Estoy respondiendo desde el enfado o desde el deseo de ayudar?
  • ¿Desde dónde voy a responder: desde el miedo o desde la conexión?
  • ¿Es este el momento de educar… o de calmar?

Poner palabras a la emoción baja la intensidad

Una estrategia muy sencilla es poner nombre a la emoción sin juzgarla. Nombrar la emoción baja el volumen, para los adolescentes y para nosotros.

Podemos usar frases como “veo que eso te ha enfadado mucho. Estoy aquí contigo para cuando quieras hablar de ello”.

Aprender juntos a parar

La regulación emocional es una habilidad que se entrena. Normalizar pausas, modelar autocontrol y reparar después del conflicto enseña más que cualquier sermón. Cuando un padre o una madre es capaz de reconocer un error o pedir perdón, enseña una lección muy valiosa: que las emociones se pueden gestionar, y los errores de conexión, reparar.

Cuando la música deja de dar miedo

Con el tiempo, la «música de tiburón» deja de ser una amenaza y se convierte en una señal: aquí hay una emoción que necesita atención.

En resumen, los y las adolescentes no necesitan padres y madres perfectos. Necesitan personas que no se asusten de las emociones, sino que sepan contenerlas y regularlas. Personas adultas presentes y disponibles emocionalmente.

Ideas clave para casa

  • La emoción viene antes que la conducta. Antes de corregir, intenta comprender qué emoción hay detrás.
  • Si la música suena, baja el volumen tú primero. La calma adulta regula la emoción adolescente.
  • No todo se resuelve al momento. Posponer una conversación también es una forma de educar.
  • Poner palabras a la emoción ayuda más que discutir. Nombrar lo que sienten reduce la intensidad.
  • Nuestros hijos e hijas no necesitan padres y madres perfectos, necesitan que reparemos cuando nos equivocamos.
  • No lo hacen para provocar, lo hacen porque están aprendiendo.

Si quieres saber más sobre cómo regularte y regular a tu hijo o hija adolescente, como “bajar” tu música de tiburón, infórmate de nuestros talleres para familias o profesionales a través de nuestra web.

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Gregorio Gullón

Terapeuta Familiar y de Pareja, y Mediador Familiar, con más de 20 años de experiencia en la atención a Familias.  Responsable del Programa de Atención a Familias Reconstituidas de UNAF desde el año 2015, y del Programa de Mediación para Familias con Hijos/as Adolescentes desde el año 2011, con experiencia como ponente en numerosas jornadas y eventos, autor de guías expertas y colaborador experto con varios medios de comunicación.

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